Las tensiones comerciales entre México y Estados Unidos han tomado una nueva ruta: el espacio aéreo. Esta vez, el conflicto gira en torno al cumplimiento del Acuerdo Bilateral de Transporte Aéreo, vigente desde 2015, que establece las reglas para garantizar la libre competencia y acceso equitativo entre aerolíneas de ambos países. Según el gobierno de Estados Unidos, México está incumpliendo el acuerdo desde 2022.
¿Qué hizo México?
En 2023, el gobierno mexicano ordenó a todas las aerolíneas de carga trasladar sus operaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) al Aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA), bajo el argumento de mejorar la seguridad y descongestionar el AICM. Sin embargo, para muchas empresas —especialmente estadounidenses— esta medida implicó costos logísticos elevados, falta de infraestructura adecuada en el nuevo aeropuerto y pérdida de competitividad.
Además, Estados Unidos acusa que se han restringido franjas horarias (conocidas como slots) para vuelos comerciales en el AICM, lo que limita la operación de aerolíneas extranjeras, en beneficio de actores nacionales. Esto, señalan, distorsiona el mercado y viola el acuerdo firmado.
¿Cómo respondió Estados Unidos?
El Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) anunció tres medidas inmediatas:
- Las aerolíneas mexicanas deberán entregar sus horarios de vuelos en EE.UU. antes del 29 de julio.
- Se requerirá aprobación previa para vuelos chárter de carga o pasajeros desde o hacia Estados Unidos.
- Se propone revocar la inmunidad antimonopolio que protege el acuerdo comercial entre Delta y Aeroméxico, lo que limitaría su capacidad para coordinar precios y rutas.
¿Qué está en juego?
Este conflicto no solo afecta a las aerolíneas. Si se retira la inmunidad antimonopolio o se bloquean nuevas rutas, podría haber consecuencias económicas y logísticas. México es el destino internacional más visitado por ciudadanos estadounidenses, y una reducción en la conectividad aérea afectaría a millones de pasajeros, al comercio y al turismo.
Además, se inserta en un contexto más amplio de tensión comercial entre ambos países, donde también han surgido disputas por aranceles, reglas del T-MEC y restricciones en sectores como el acero o la agricultura.
¿Qué sigue?
Por ahora, el gobierno mexicano no ha emitido una respuesta oficial de alto nivel, pero el plazo para presentar los horarios vence en cuestión de días. Si no se resuelve, esta disputa podría escalar y convertirse en un nuevo obstáculo en la ya compleja relación comercial entre México y Estados Unidos.

