El Mercado de Sonora, uno de los espacios más emblemáticos de la Ciudad de México, dejará de vender animales vivos antes de que termine 2025.
La decisión marca el fin de una práctica con más de seis décadas de historia y responde a un fallo judicial sin precedentes que prohíbe este tipo de comercio en toda la capital.
Un mercado con historia… y con denuncias
Inaugurado en 1957, el Mercado de Sonora nació como un centro de abasto popular, famoso por sus puestos de juguetes, hierbas y artículos esotéricos.
Con el tiempo, se convirtió también en el principal punto de venta de animales vivos, desde aves y perros hasta iguanas y tortugas.
Las condiciones en que eran mantenidos —en jaulas pequeñas, sin ventilación ni atención veterinaria— fueron documentadas durante años por organizaciones como Igualdad Animal y Frecda, que denunciaron maltrato y tráfico de fauna silvestre.
El incendio de noviembre de 2021, que destruyó parte del área de animales, evidenció la falta de regulación. Las imágenes de jaulas calcinadas y animales muertos recorrieron las redes y aceleraron las exigencias de cambio.
El fallo que cambió las reglas
El punto de quiebre llegó en agosto de 2025, cuando el Tribunal Colegiado en Materia Administrativa resolvió el amparo 1547/2023, presentado por organizaciones animalistas.
El tribunal determinó que la venta de animales vivos en mercados públicos viola la Ley de Protección y Bienestar Animal y ordenó su prohibición progresiva en toda la Ciudad de México.
Además, estableció que los animales deben ser tratados como “seres sintientes”, y que las autoridades tienen la obligación de garantizar su bienestar.
La alcaldesa de Venustiano Carranza, Evelyn Parra, anunció que los locatarios tendrán hasta diciembre de 2025 para cambiar de giro. A partir de enero de 2026, ningún puesto podrá vender animales vivos. Quienes incumplan podrían perder su concesión y recibir multas de hasta 16 mil 900 pesos.
Protestas y división
La medida provocó movilizaciones de locatarios, que marcharon hacia el Congreso capitalino para exigir que su actividad sea regulada, no prohibida.
Advirtieron que la decisión los dejará sin sustento y pidieron apoyo económico.
“Queremos trabajar de forma legal, no vivir de subsidios”, reclamaron durante la protesta.
Mientras tanto, colectivos animalistas celebraron el fallo y exigieron el cierre inmediato del área de animales, especialmente ante reportes de sacrificios de gatos negros en temporada de Halloween y Día de Muertos.
Las autoridades tuvieron que desplegar policías para evitar enfrentamientos entre grupos opositores.
Transición y apoyo
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, respaldó la resolución judicial y anunció mesas de trabajo con los comerciantes para una transición gradual.
El plan contempla apoyos económicos y asesoría técnica para que los locatarios reconviertan sus giros hacia la venta de alimentos, accesorios o servicios para mascotas.
De los 80 locales que aún vendían animales, al menos 10 ya iniciaron su reconversión.
Impacto económico y cultural
El cambio no es menor.
El comercio de animales y sus derivados representa un sector que mueve más de 74 mil millones de pesos al año solo en la Ciudad de México.
Pero más allá del dinero, el Mercado de Sonora es también un símbolo cultural.
Su transformación marcará un antes y un después en la forma en que la capital se relaciona con el bienestar animal.
Un precedente nacional
El caso podría sentar un precedente legal para replicar la prohibición en otros mercados del país.
Organizaciones celebraron el fallo como un “triunfo histórico” que coloca a la Ciudad de México a la vanguardia en materia de derechos animales.
La Agencia de Atención Animal (AGATAN) y la PAOT serán las encargadas de vigilar que el proceso se cumpla y sancionar cualquier intento de venta clandestina.
El reto que viene
El desafío para las autoridades será doble:
evitar que el comercio se traslade al mercado negro o a plataformas digitales,
y garantizar que los locatarios no pierdan su sustento.
Si la transición se maneja bien, el Mercado de Sonora podría convertirse en un modelo de reconversión ética y sostenible.
Si no, podría derivar en una crisis social y económica.
Lo cierto es que el reloj ya empezó a correr: en enero de 2026, el mercado deberá reinventarse y dejar atrás una práctica que lo definió durante casi 70 años.

