Una ciudad con tráfico colapsado. Con transporte público deficiente. Y con miles de personas que pasan horas intentando llegar a sus destinos. El resultado era predecible: la aparición de servicios de transporte en motocicleta por aplicación.

    Aunque ya fueron prohibidos por ley, estas apps siguen operando en la Ciudad de México, de forma ilegal y con la aparente tolerancia de las autoridades.

    Una tragedia que encendió las alarmas

    El debate se reavivó en julio de este año, cuando una mujer perdió la vida tras un accidente en Paseo de la Reforma, en la alcaldía Cuauhtémoc.

    Viajaba en una motocicleta solicitada por una app cuando el conductor intentó rebasar entre carriles, perdió el control y se estrelló.

    El caso puso en la mira un servicio que, aunque llevaba más de dos años operando, nunca fue reconocido oficialmente.
    Tras el accidente, el gobierno capitalino anunció que tomaría acciones legales y recordó que este servicio es ilegalconforme al artículo 53 del Reglamento de la Ley de Movilidad.

    Sin embargo, tres meses después, las plataformas siguen activas, los viajes se ofrecen en tiempo real y las motocicletas continúan circulando, sin regulación, sin seguros y fuera del marco legal.

    El crecimiento descontrolado de las motos en la ciudad

    En la última década, el número de motocicletas registradas en la Ciudad de México pasó de 260 mil a 750 mil, un crecimiento de 188%. De ellas, el 90% circula sin seguro.

    El aumento no solo representa un desafío de movilidad y seguridad vial, sino también un problema de salud pública: las salas de urgencias están saturadas de lesionados por hechos de tránsito que involucran motocicletas.

    Una ciudad sin alternativas

    La realidad es que los servicios de moto por app surgieron como respuesta a un sistema de transporte insuficiente, lento y saturado.
    Para miles de personas, subirse a una moto significa ahorrar una o dos horas diarias de traslado.
    Pero esa solución exprés también aumenta el riesgo, tanto para los usuarios como para los peatones.

    La CDMX enfrenta así un dilema: regular un servicio que cubre una necesidad real o mantenerlo en la clandestinidad, con todos los riesgos que eso implica.

    En resumen: las motos por app siguen circulando, aunque la ley las prohíbe.
    Y mientras el tráfico no mejore y el transporte público no sea una opción digna,
    seguirán encontrando clientes… y también víctimas.

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