Tulum, alguna vez símbolo del auge turístico del Caribe mexicano, enfrenta hoy una caída abrupta en visitantes y actividad económica que pocos anticiparon. Las imágenes de calles vacías, restaurantes cerrados y playas desiertas que circulan en redes sociales no son simples percepciones: reflejan una crisis que ya escaló hasta el debate nacional.

    De boom turístico a playas vacías

    En la última década, Tulum pasó de ser un destino “alternativo” a convertirse en una de las joyas turísticas más deseadas de México, impulsado por influencers, desarrollos de lujo y el atractivo de sus ruinas mayas frente al mar. Sin embargo, el verano de 2025 marcó un punto de quiebre: hoteles reportan ocupaciones de apenas 30 % en la zona hotelera y hasta 15 % en el centro, cifras peores incluso que en los meses más duros de la pandemia.

    Los vuelos también cayeron: entre julio y septiembre Quintana Roo perdió 454 operaciones aéreas, y las visitas a zonas arqueológicas pasaron de 239 mil personas en enero a solo 119 mil en mayo, según cifras oficiales.

    El costo de volverse inaccesible

    Las denuncias de turistas y habitantes locales coinciden en un punto: Tulum se volvió un destino prohibitivo.
    Cobros de acceso a playas, consumos mínimos en restaurantes, tarifas de taxis que alcanzan los 800 pesos por trayectos de apenas tres kilómetros y precios exorbitantes —como latas de refresco a 100 pesos— han minado la experiencia del visitante.

    Lo que alguna vez fue percibido como un rincón bohemio y relajado terminó asociado al abuso comercial y a la exclusión, incluso para turistas nacionales. En palabras de una usuaria viral en redes: “Ya era más barato viajar a Europa que ir a Tulum”.

    El Parque Jaguar: promesa cuestionada

    El “Parque Jaguar”, uno de los proyectos federales vinculados al Tren Maya, prometía conservación ambiental y reordenamiento del turismo, pero hoy recibe críticas por restringir el acceso libre a playas y zonas arqueológicas sin ofrecer mejoras claras. Varios visitantes denuncian que las playas “públicas” son inaccesibles sin pagar entrada al parque y que están bajo control militar, lo que alimenta la percepción de privatización del espacio público.

    Inseguridad, sargazo y deterioro urbano

    A los precios desorbitados se suman problemas estructurales: el sargazo que cubre gran parte de la costa, infraestructura turística deficiente, servicios públicos limitados y un golpe a la imagen del destino por episodios de violencia, como el asesinato del jefe de policía local en marzo de 2025.

    La combinación de estos factores, junto con la sobreexplotación inmobiliaria y la falta de regulación, ha desgastado el atractivo de Tulum y reducido su competitividad frente a otros destinos de la Riviera Maya.

    Fraudes inmobiliarios: la otra cara del boom

    El auge de Tulum también atrajo desarrollos improvisados y, en muchos casos, fraudulentos. De acuerdo con Bloomberg, decenas de compradores —en su mayoría extranjeros— invirtieron en preventas que nunca se construyeron. Muchos fueron víctimas de empresas sin permisos ni estudios técnicos que desaparecieron con los ahorros de familias enteras.

    El gobierno estatal ha alertado sobre al menos 26 desarrollos sin permisos oficiales, lo que refleja la debilidad institucional para controlar el crecimiento acelerado.

    Un desafío de política pública

    La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció la necesidad de revisar el caso de Tulum y encargó a la Secretaría de Turismo buscar soluciones. No obstante, el problema va más allá de un mal verano: expone el riesgo de un modelo turístico basado en el extractivismo inmobiliario, la falta de regulación y la exclusión de las comunidades locales.

    Tulum es ahora un laboratorio de lo que ocurre cuando un destino crece sin planeación y la sostenibilidad ambiental y social queda relegada. Su declive debería servir de advertencia para otros polos turísticos del país.

    El ocaso de Tulum no es solo una anécdota de redes sociales ni un revés pasajero en las cifras de ocupación hotelera; es la consecuencia de decisiones políticas, económicas y sociales acumuladas.

    Recuperar el destino exigirá más que campañas de promoción: se necesita regulación justa, inversión en servicios básicos, control del sargazo y accesibilidad real a playas públicas.
    El paraíso caribeño todavía podría salvarse, pero requiere replantear el modelo turístico que lo llevó a esta crisis.

    Share.
    Leave A Reply